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La Soberanía de Dios Y La Responsabilidad del Hombre

L M Grant Publicado 17 Enero 2006

Traducido por Lasaro Flores 

Otra vez aquí están dos líneas paralelas de verdad, cada una perfectamente en su lugar, ninguna oponiéndose contra la otra, y todavía frecuentemente confundida en los pensamientos de los hombres. En cuanto á la soberanía de Dios, Nabucodonosor, aunque él era un monarca absoluto, fue traído a confesar plenamente, “Bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades. Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Daniel 4:34, 35).

Dios tiene un poder absoluto, una autoridad absoluta, y una soberanía absoluta. Él hace como quiera y nadie puede desafiarlo o cambiarlo. Añadido á esto es el hecho de que Él tiene una “determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:11). Este propósito no puede ser cambiado: será ejecutado perfectamente y absolutamente. El creyente lo confiesa completamente y halla un mayor deleite en tal verdad magnifica.

Otra vez la incredulidad ciega esta presta con preguntas agujadosas. Si Dios es soberano y tiene un propósito y plan absoluto para el universo, entonces los hombres arguyen que no hace ninguna diferencia lo que hace la gente. Cualquier cosa que hagan, arguyen, comoquiera esto sería el caso, así que no podían evitar de hacerlo. Esta es la manera fatalística de decir que el hombre no es responsable por sus propias acciones. Esto parece ser un argumento lógico. Ellos están diciendo que la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre no pueden ser hechos verdaderos al mismo tiempo, porque no entienden como puede ser así.   

¿Es el hombre responsable? Sí, como tan cierto que Dios es soberano. Sea lo que piénsenos de ello, Dios ha declarado que “cada uno de nosotros dará á Dios razón de sí” (Romanos 14:12). En hecho, el Señor Jesús mismo es citado en Mateo 12:36, “Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. En ese tiempo, nadie se atreverá en decir que era obligado de hacer las malas obras que hizo, ni de hablar las malas palabras que salieron de sus labios. Va tener que confesarse á sí mismo culpable de evitar voluntariamente su responsabilidad. Aún ahora su propia consciencia le dice esto. Si uno verdaderamente cree que Dios es soberano, ¿no esta así admitiendo que por esta razón su propio lugar es aquella de un súbdito quien se ha de someter á Dios? La fe en un Dios soberano mueve el corazón con un sentido de responsabilidad para serle obediente.

Por lo tanto, aunque el creyente no puede satisfacer el intelecto del hombre en explicar la compatibilidad de las verdades inevitables de la soberanía de Dios y de la responsabilidad del hombre, todavía la fe no tiene ninguna dificultad con esto. El creyente se regocija en ambos hechos, y realiza la rectitud de él ser completamente obediente á la voluntad revelada de Dios. Dios hace como le agrade: es Su derecho de hacerlo. Yo no tengo ningún derecho de hacer como me agrada, sino que soy responsable de hacer lo que le agrade a Dios. En dar a Dios Su lugar y guardar mí propio lugar es el secreto de la bendición más profunda. Entonces, vamos a guardar distintas estas líneas de verdad, y cada uno en su propio lugar, y aceptar ambos como plenamente verdad.

Este artículo es parte del libro de L M Grant, “Wonderful Praradoxes of Scripture” (Paradojas Maravillosas de la Escritura)