LA SOBERANÍA DE DIOS
Como lo he dicho antes, en alguna manera u otra toda
doctrina en la Biblia magnifica la Gracia de Dios, la cual esta
conectado con
la Soberanía de Dios. Así que, no importa que tanto el
hombre religioso
soberbio trata de exaltar el ídolo del hombre de su tal llamado
“libre
albedrío”, él tiene que caer sobre su rostro delante de
la Soberanía de Dios, como
“Dagón postrado en tierra delante del
arca de Jehová” (1 Samuel 5:3, 4). Dios es Soberano,
queriendo decir que
Dios hace como Él quiera con quien quiera, cuando quiera, donde
quiera, y como
quiera; y que no hay absolutamente nada que alguno puede hacer acercas
de ello.
Todas las cosas, o sean animadas o sean inanimadas, están debajo
de Su control
soberano; porque como nos dicen las Sagradas Escrituras inerrantes: “Y nuestro Dios está en los cielos: Todo
lo que quiso ha hecho” (Salmo
115:3); “Todo lo que quiso Jehová, ha
hecho en los cielos y en la tierra, en
las mares y en todos los abismos” (135:6). Además, leemos:
“Y todos los
moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército
del cielo, y en
los habitantes de la tierra, hace según
su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga:
¿Qué haces?” (Daniel
4:35), y esto porque Él “hace todas las
cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11).
Ahora, sería imposible de tratar en una manera
exhaustiva y en detalle con la doctrina de la Soberanía de Dios
por los medios
de este periódico vía el correo electrónico; por
lo tanto, principalmente
estaré tratando con la Soberanía de Dios con respecto
á la salvación de los
hombres de sus pecados y de sus consecuencias. Generalmente, el hombre,
incluyendo el hombre religioso, concederá que Dios es Soberano
sobre muchas
áreas de Su creación, pero en decir que también
Él es soberano sobre la
salvación de los pecadores, muchos reaccionarán con una
vehemencia porque la
soberbia de ellos no permite que Dios tenga el último decir con
la salvación de
ellos. Pero, amados, no nos podemos escapar de, o negar, que las
Sagradas Escrituras
lo hace muy claro que porque “de Jehová
es la salvación” (Salmo 3:8) y que “la
salvación pertenece á Jehová” (Jonás
2:9), “así que no es del que quiere, ni del que
corre, sino de Dios que tiene
misericordia” (Romanos 9:16). Por eso es porque el Evangelio de
Salvación
en Cristo Jesús es llamado el “evangelio
de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) simplemente por causa, como
veremos
más adelante, que la Gracia tiene que ver con la
Soberanía de Dios.
Por supuesto, estoy consciente que para muchos la
doctrina
de la Soberanía de Dios es una doctrina dificultosa y
desagradable para
aceptar, y esto porque no pueden ver que un Dios, quien “es
amor” (1 Juan 4:4, 16) y “es
amador de misericordia” (Miqueas 7:18) haría Su
salvación dependiente en Su
soberanía y, ¡no en el “escoger libre” del hombre! Esto
podrá ser por dos
razones: Primero, ellos han sido
enseñados un punto de vista de solo un lado acercas de Dios con
respecto á Sus
atributos y las han aceptado sin ninguna reexaminación personal
de las Sagradas
Escrituras para ver si es verdad (cp. Hechos 17:11); o secundariamente,
lo rechazan obstinadamente aún aunque no pueden
Bíblicamente negar que Dios es Soberano sobre todas las cosas,
¡incluyendo
nuestra salvación! Pero no importa qué tanta
oposición o denegación hay contra
esta doctrina gloriosa, la respuesta Divina al tal llamado “libre
albedrío” del
hombre es esta: “Mas á Moisés (Dios)
dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y
me compadeceré del que
me compadeceré. Así que no es del que quiere, ni del que
corre, sino de Dios
que tiene misericordia” (Romanos 9:15, 16); y eso, mi querido
lector, es el
PERIÓDO del asunto entero; porque como contesta Pablo en el
mismo capítulo á
aquellos quienes se oponen á la Soberanía de Dios: “Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se
enoja? porque ¿quién resistirá á su
voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú,
para que alterques con Dios?
Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por
qué me has hecho tal? ¿O no tiene
potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y
otro
para vergüenza? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar
la ira y hacer notoria su
potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira
preparados para
muerte, Y para hacer notorias las riquezas de su gloria,
mostrólas para con los
vasos de misericordia que él ha preparado para gloria; Los
cuales también ha
llamado, es á saber, á nosotros, no sólo de los
Judíos, mas también de los
Gentiles” (vv. 19-24?
Lo trágico es que muchos reaccionarán
á la Soberanía
de Dios como aquellos en Juan capítulo 6: Brevemente,
allí ve aquellos que no
les agradaba lo que el Señor Jesús les estaba diciendo, y
así que reaccionaron
de tal manera. En el versículo 44 Él dice: “Ninguno
puede venir á mí, si el Padre que me
envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día
postrero”. Aquí hace una
declaración muy definida con respecto á la
Soberanía de Dios en traer (Griego:
lit. en arrastrar) aquellos que
vienen á Él para salvación. Además, lo que
continua diciendo á estos individuos
causa aún algunos de Sus discípulos ser ofendidos (v. 61)
y en decir, “Dura es esta palabra: ¿quién la
puede oír?”
(v. 60). Pero otra vez Él repite lo que digo en el
versículo 44 de esta
manera: “Y dijo: Por eso os he dicho que
ninguno puede venir á mí, si no le
fuere dado del Padre” (v. 65). ¿Qué fue la
reacción de estos individuos? “Desde esto, muchos
de sus discípulos
volvieron atrás, y ya no andaban con él” (v. 66). En
otras palabras, porque
en oír esto estos discípulos, o de oír á
ese tiempo, lo que el Señor Jesús
estaba enseñando, no se sometieron á la Soberanía
de Dios, se volvieron atrás
del Señor y ya no anduvieron con Él. Lo ponemos de esta
manera: No solo
rechazaron la Soberanía de Dios, pero también rechazaron
al Señor mismo por
causa de la soberbia de ellos. Esto, mi querido lector, ¡es el
peligro de la
falsa doctrina del tal llamado Libre Albedrío del hombre!
Pero oh, ¡qué diferente es la doctrina de la
Soberanía
de Dios para aquellos quienes son enseñados de Dios! “Escrito
está en los profetas: Y serán todos
enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó
del Padre, y
aprendió, viene á mí” (v. 45). Lo podemos
poner de esta manera: Para ellos
la verdad de la Soberanía de Dios no es una doctrina dificultosa
o
desagradable, sino una doctrina más preciosa y dulce que los
atrae al Señor
Jesús como dice Óseas 11:4 - “Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas
de amor”, ¡como la miel a la abeja! En otras palabras, la
doctrina de la
Soberanía de Dios no es para empujar al hombre de Dios, sino
para humillarlos;
porque es solo los humildes y los quebrantados de corazón que
estarán
dispuestos para someterse á sí mismos á
Aquél quien tienen nuestra salvación en
Sus manos, que recibirán Gracia de Aquél quien es
también “el Dios de toda gracia” (1 Pedro
5:,10); y ¡aparte de la Gracia de
Dios no puede haber ninguna salvación de todo! Así que,
puedes ver que la
Soberanía de Dios en nuestra salvación asegura en venir
á Él lanzándonos y confiándonos
solamente en sólo Su gracia en Cristo Jesús, y no sobre
cualquier cosa que
pretendemos tener de nosotros mismos; y esto, amados, somos
enseñados de Dios,
y no por las doctrinas y mandamientos de los hombres.
(SERÁ
CONTINUADO)