Traducido
por Lasaro
Flores
En
un trabajo excelente intitulado Con
respecto a la Necesidad y la Sensatez de la Doctrina Cristiana de la
Satisfacción por el Pecado, Jonatán Edwards da cuatro
argumentos
principales que establecen la necesidad de que los pecados sean
castigados.
Ellos muestran que la muerte de Cristo, quien pagó las
consecuencias por los pecados
de los que creerían en Él, era necesaria para que Dios
perdonara a Sus escogidos.
Ellos también muestran que los que no confían en Cristo
para la salvación
tendrán que pagar por sus pecados ellos mismos. Examinaremos
tres de los
argumentos de Edwards.
El primer
argumento es de nuestro sentido de la justicia. Los pecados deben ser
castigados
porque el pecado merece el castigo.
¿Podíamos
respetar realmente a Dios si Él se sonriera sobre Adolfo Hitler
y Carlos Manson
y dijera, "Está bien, muchachos? Hagan lo que ustedes quieran,
solo que se
diviertan.” ¡Nuestras mentes se recularán con tal
pensamiento! Y si de todo no
hay Dios, la situación es todavía peor: los males
terribles de Hitler y tales personas
nunca serán recompensados. La justicia nunca sería
servida. Pero sería
hipócrita señalar a personas como Hitler mereciendo el
castigo e ignorar
nuestros propios pecados. Todos sabemos que cada uno hemos
pecado, y por lo tanto si creemos que
los crímenes terribles de personas como Hitler necesitan ser
recompensados,
nuestros pecados también necesitan ser recompensados.
Aquí es donde el primer
argumento de Edwards’s entra:
1. La
justicia de Dios es Su compromiso de amar y apoyar las conexiones
ordenadas que
Él ha establecido en el universo.
2. De tanto
hay una conexión entre el pecado y el castigo que el pecado
merece el castigo.
3.
Así que,
si Dios no juzga el pecado Él estaría contradiciendo esta
conexión y así
violando Su justicia. Un Dios que no juzgó el pecado no
estaría manteniendo la
orden en Su reino.
4. Por lo
tanto, si Dios ha de permanecer justo, Él tiene que castigar el
pecado.
Esto, por
supuesto, levanta un problema. Ya que todos han pecado,
¿cómo puede uno ser
perdonado? La única respuesta posible es que alguien más
tiene que tomar este
castigo por nosotros. Esto es lo que vimos más temprano. Cristo
murió en el
lugar de los que vendrían a creer en Él, así
cancelando su pena. Ninguna otra
religión apoya la justicia en la solución que da al
problema humano del pecado.
Todas las otras religiones o niega que el pecado es tan grave como
todos sabemos
que es, niegan que el pecado es malo de todo (lo cual también va
en contra de
nuestro sentido común), o proporciona el perdón a los
humanos sin la compensación
apropiada a la justicia. La cristiandad es la única
religión que hace justicia
a nuestro sentido de la justicia.
El argumento
siguiente de Edwards es de la santidad de Dios.
1. Dios es
santo.
2. El pecado
es impío, y por lo tanto Dios es la contradicción total
del pecado.
3. Esto
significa que Dios es opuesto al pecado, ya que contradice Su
naturaleza.
4. Si Dios
es opuesto al pecado por la naturaleza, Él tiene que expresar
esa oposición en
el mundo, porque de otro modo la creación no contestaría
la realidad de la
naturaleza de Dios.
5. Por lo
tanto, si Dios no castigara el pecado, Él estaría
contradiciendo Su santidad y
con lo cual negándose a sí mismo.
El tercer
argumento de Edwards es del honor y el valor infinitos de Dios.
1. La gloria de Dios es de dignidad y valor
infinitos.
2. Por lo
tanto, Dios tiene que mantener el valor y el honor de Su gloria para
ser justo.
3. El pecado
es un ataque a la gloria de Dios. Deshonra el valor infinito de Dios.
4. Por lo
tanto, si el pecado es tratado como de poca importancia, la gloria de
Dios es
tratado como de poca importancia.
5.
Así que,
Dios tiene que castigar el pecado para apoyar Su honor. Porque si no lo
hiciera, Él estaría negando Su valor infinito y
así estaría cometiendo
injusticia.
El hecho del
valor infinito de Dios también nos permite contestar la
objeción presentada por
tales teólogos como Clark Pinnock y Juan Stott, que "el castigo eterno es desproporcionado a una vida finita
de pecar" (Piper, p. 127).
Estos teólogos descuidan el hecho que "los grados de
culpabilidad vienen
no de cuán largo usted ofende la dignidad, pero de cuán
alto es la dignidad que
usted ofende" (Piper). Como Edwards índico en su sermón,
"La Justicia
de Dios en la Condenación de Pecadores," ya que
Dios es del valor infinito, y todos los
pecados últimamente son cometidos contra Dios, por lo tanto,
todos los pecados merecen
una pena infinita. Así que, la doctrina cristiana del castigo
eterno no sólo es
coherente con la justicia, pero es requerido por la justicia.
MP
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