Lucas 19:5 y 9-10 "…hoy es necesario
que pose yo en tu casa…Hoy ha venido la
salvación a está casa; por cuanto
él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del
Hombre vino a buscar y a salvar lo que se
había perdido."
Algunos pecadores deben ser salvos. La salvaciòn del pecador
es un decreto de necesidad con
Dios, tanto como Su verdad y Su justicia. Cada hijo de Dios comprado
con la sangre de Cristo,
debe ser salvo. Cada una de las ovejas perdidas del Señor debe
ser traìda al rebaño celestial. Es el
lenguaje de las Sagradas Escrituras.
Nuestro Señor pasò por Jericò en un viaje de misericordia.
En el tiempo señalado vino al lugar
señalado. Èl selecionò una persona de una multitud
y dijo, "Zaqueo, date prisa, desciende
porque hoy es necesario que pose yo en tù casa." Fue algo que
le fue necesario hacer. No fue
algo que tal vez hiciera.
Habìa una mujer Samaritana, perdida, quien fue escojida en gracia.
Tenìa que ser salva. El Señor
"Tuvo que pasar por Samaria." La providencia de Dios hizo a los hombres
construir a Samaria
directamente en el camino. Y la gracia de Dios hizo el Salvador moverse
en aquella direcciòn.
Nuestro Señor dice referente a sus ovejas, quienes no habìan
sido llamadas, "Esas tambièn debo
traer." La salvaciòn de los elegidos de Dios es algo Èl
debe hacer. No es algo que quiere hacer
pero depende de la cooperaciòn voluntaria del pecador. El cambiarà
la voluntad del pecador en el
dìa de Su poder y gracia. Es que està en juego la gloria
y el honor del eterno Dios.
El propòsito de Dios no puede ser frustrado. Los que Èl
ha escogido y ha determinado salvar,
deben y seràn salvos. La compra de Cristo no puede ser anulada.
Lo que Èl ha redimido por Su
sangre, Èl debe recibir. Si no, Èl nunca "verà
la aflicciòn de Su alma" con satisfacciòn.
La promesa de Dios nunca serà violada. Dios prometiò a
Su Hijo una simiente, una generaciòn,
para servirle come el premio de Su sacrificio expiatorio. Dijo a Su
Hijo en el pacto de gracia,
"Pìdeme y Te darè por herencia las naciones." Y Dios
el Hijo, asumiendo la responsabilidad
para el bienestar eterno de los elegidos de Dios, como su seguridad,
prometiò presentarles, santos,
perfectos, y sin mancha delante de la presencia de Su gloria en el
ùltimo dìa, diciendo, "¡He aquì!,
Yo y los hijos que Dios me ha dado."
Ninguno de ellos, que Dios prometiò a Su Hijo, y que el Hijo
prometiò salvar podrà ser perdido
eternamente.
Todos deben ser salvos.