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CAPÍTULO II - Las Obras De Dios - La Creación

DIOS CREO TODAS LAS COSAS DE NADA. - "En el principio crió Dios los cielos y la tierra..... " (Génesis 1); "Tú, oh Jehová, eres solo; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, y toda su milicia, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran" (Nehemías 9:6); "El que hizo el Arcturo, y el Orión, y las Pléyadas, Y los lugares secretos del mediodía" (Job 9:9); "Tuyos los cielos, tuya también la tierra: El mundo y su plenitud, tú lo fundaste" (Salmo 89:11); "Suya también la mar, pues él la hizo; Y sus manos formaron la seca" (Salmo 95:5); "Jehová afirmó en los cielos su trono; Y su reino domina sobre todos" (Salmo 103:19); "El que hace á sus ángeles espíritus, Sus ministros al fuego flameante. Hizo la luna para los tiempos: El sol conoce su ocaso" (Salmo 104:4,19); "Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él" (Colosenses 1:16); "Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas" (Apocalipsis 4:11); "Porque toda casa es edificada de alguno: mas el que crió todas las cosas es Dios" (Hebreos 3:4); "Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía" (Hebreos 11:3); "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, éste, como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos" (Hechos 17:4).


    Originalmente, nada existía sino Dios; ninguna materia, de la cual las cosas visibles fueron formadas, y ninguna sustancia espiritual, de la cual los ángeles y las almas de humanos fueron hechas; sino Dios dió á todas las cosas que existen su ser entero.
   
    Ha sido disputado que la materia no puede ser eterna, porque la auta-existencia es una propiedad muy noble para ser atribuída á una naturaleza inferior; pero este argumento no es satisfactorio. ¿Por qué no puede una cosa pequeña existir sin causa, como también lo puede una más grande? Podemos concebir que el producir de algún efecto particular de ser más fácil para una naturaleza más alta que una baja; pero, en auto-producción, el efecto es igual á la causa, y la dificultad de producirlo tiene que ser tan grande para una naturaleza como para la otra. En todo tal razonamiento 'a priori, estamo sujetos de engañarnos nosotros mismos; y quizas el peligro está más grande cuando el razonamiento aparece ser más profundo. Por alguna cosa que la filosofía nos puede enseñar, un atomo de materia es absoluto indestructible; y, sobre principios filosóficos, si tiene que existir hasta la eternidad futura, ha de haber tenido de existir por la eternidad pasada. El milagro de la creación es más allá tan lejos de las demonstraciónes de la filosofía como el milagro de la aniquilación. Cuando hemos probado la existencia de un Dios, que puede obrar milagros, se levanta una probabilidad que la materia puede ser una producción de Su poder, y podemos ver una inteligencia creativa despliegada en las propiedades y cantidades de las varias clases de materia, y su adaptación á propósitos provechosos. Pero, para una prueba decisiva que todas las cosas fueron hechas de nada, volteamos á la palabra de Dios, y la recibimos como una verdad de fe, en vez del razonamiento. "Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía" (Hebreos 11:3).

    En el texto que se acaba de citar, la doctrina de la creación no es expresada en el lenguaje en la cual por mayor parte es comunmente declarado. No es dicho que el mundo era hecho de nada; pero la misma idéa es expresado en una manera diferente. Cuando vemos un estatua, vemos el mármol de la cual consiste; y cuando vemos una casa, vemos las materias con la cuales fue construída.  Pablo enseña que el mundo que vemos no era hecho de las sustancias visibles que vemos, es a saber, no era formado de materia pre-existente, sino de las materias de las cuales ahora parecen de ser formado, eran traídos á la existencia al tiempo cuando las cosas mismas fueron creadas.

    La obra de la creación era ejecutada sin esfuerzo. Dios habló, y era hecho. Él dijo, "Sea la luz: y fué la luz" (Génesis 1:3).  Después de obrar seis días, descansó en el séptimo; pero no porque estaba cansado, pero para que el día séptimo pudiera ser santificado, y ser hecho un día de descanso para el hombre. Por consiguiente se dice, "El sábado por causa del hombre es hecho" (Marcos 2:27). De una examinación de la costra de la tierra, los geólogos han discubrido, como ellos piensan, que animales y plantas existían mucho antes de la fecha Mosaíca de la creación. Métodos han sido propuestos para reconciliar la cuenta como contenido en los primeros capítulos de Génesis, con esos discubrimientos profesos. Algunos han suponido que cada uno de los días de la creación de haber sido un  largo período de años.  El día séptimo de descanso, o la cesación de la obra de crear, entienden de haber continuado hasta el tiempo presente, aunque seis mil años han pasado; y ellos suponen que cada uno de los días precedientes podrían haber incluído un largo período igual. Otros entienden que "el principio" mencionado en el primer versículo de la historia, de referise a un largo tiempo anterior al de aquél referido en el segundo versículo, "la tierra estaba desordenada, &c." Una transición similar, aunque no tan repentina, es hecha en el primer capítulo de Juan: "En el principio era el Verbo,...Y aquel Verbo fué hecho carne" (Juan 1:1-14). Muchos teólogos han sido dispuestos en considerar la ciencia de la geología con sospecho, y de considerar sus deducciones como enemigos á la fe. Pero no hay ningún básis justa en temer la ciencia, en cualquiera de sus departamentos, sólo que persigan sus investigaciones legítimamente, y haga sus deducciones con modestia propia. El Autor de la Biblia es el Hacedor del mundo, y el Autor de toda verdad; y sus obras y Su palabra tienen que harmonizar, porque la verdad siempre es consistente. Ha sido pensado que pasajes en Su palabra son inconsistentes unos con otro; pero una examinación más cuidadosa ha mostrado su harmonía, y no tenemos que temer sino que una debida investigación mostrará la palabra de ser consistente con todas deducciones legítimas de la ciencia.

    Las coincidencias involuntarias que han sido discubridas en los narrativos de la Escritura, constituyen una parte en sumo grado satisfactorio de la evidencia interna que la Biblia contienen que sus testimonios son verdaderos. La prueba que estos proveen es siempre lo más satisfactorio, lo más manifiesto que la coincidencia era involuntaria. Cuando dos porciones de la Escritura, que parecen desconvenir una con otra, ha sido hallado, en una investigación cuidadosa, de ser perfectamente armonioso, una coincidencia ha sido discubrida, que tiene la mejor evidencia posible que era involuntaria. En esta manera las discrepancias suponidas, las cuales al principio nos avergonzaban, resultan para el establecimiento de nuestra fe; y cuando algunas todavía quedan de las cuales no hemos aprendido de harmonizar, somos enseñados de esperar pacientemente, con la expectación cierta que estos lugares oscuros a su tiempo también serán iluminados. La misma fe y paciencia debe de ser ejercida cuando la ciencia y la Escritura son suponidas de desconvenir. El infiel se deleita cuando puede puntar a discrepancias aparentes en la Escritura, y se exalta cuando puede anunciar algún discubrimiento suponido inconsistente con la palabra de la revelación. Mientras triúnfa el infiel, se bamboléan los hombres de una fe débil; pero verdaderamente es una fe débil que no  puede resistír tal choque. Debemos tan bien dudar si el sol brilla, cuando su resplandor es eclipsado por una nube pasajera. La masa de evidencia que la Biblia es la palabra verdadera de Dios, es tan grande que bien puedomos conceder en esperar hasta que la nube transitoria pase, con la expectación cierta que la luz otra vez iluminará, quizas con un esplendor aumentado. La geología es una ciencia nueva. Lo que últimamente hará por la causa de la verdad, los años futuros tiene que decidirlo, y es imprudente de temer el resultado. Podemos confiar que el arca de Dios será cargado por medio de ello. Hasta a algún grado, los discubrimientos de la ciencia nueva han sido para el establecimiento de la fe. Ha penetrado una poca de distancia bajo la superficie de la tierra, y, en los depositos sucesivos de cadáveres animales, ha hallado un registro de la cual profesa de leer el orden en las cuales los varios especies de animales vinieron a ser. Entre este registro y de aquél de Moisés, hay una coincidencia involuntaria. Es especialemente reparable que, por el consentir general de los geólogos, los cadáveres humanos son solo hallados en los últimos de los depositos de animales.Este hecho punta a un tiempo que bien acuerda con la fecha de Moisés de la creación, cuando los hombres empezaron a existir, y cuando,  por supuesto, un poder creador era ejecutado. Si la geología puede establecer que, antes que esto, una convulsión de la naturaleza destruyo la tierra, y enterró una generación entera de animales inferiores en sus cavernas, así que sea. Escucharemos a sus argumentos, y bien los pesaremos; pero no omitimos en notar de sus datos con el testimonio fiel de la inspiración. Si la geología hubiera de llevar atrás el origen de la raza humana a una fecha muy antes que de la de Moisés, ella contradecirá , no solo la Biblia, sino toda la historia escrita y tradicionaria. No se puede dar razón que nuestro conocimiento de la historia antigüa ha de ser limitida a un período tan reciente, si la raza había previamente existido por miles de generaciones. El progreso de la población del mundo, el establecimiento de reinos antigüos, y el edificar de ciudades, son extendidos delante de nosotros en las páginas de la historia, y la geología no contradice el testimonio.

    Aunque la ciencia nunca contradecirá la Escritura, ella podrá corregír inferencias erróneas de ella, y, en hacer esto, puede incidentalmente demonstrar la sabiduría de la cual ha emanado la Biblia. Cuando hemos llegado a los años maduros, traemos a cuenta las instrucciones que recibimos en nuestra niñez de un padre sabio, y que fueron adaptados al propósito por el cual fueron designados. Ellos no nos enseñaron las ciencias que desde entonces hemos aprendido, pero ellos no nos enseñaron nada contrario; y ahora podemos en ver, en lo que fue dicho y lo que fue omitido en ser dicho, que el padre plenamente entendía las ciencias, las cuales que entonces no era su designio de enseñarnos. Si no las hubiera entendido, él hubiera empleado otras formas de hablar, y pudieramos recordar alguna palabra o palabras que revelaban su ignorancia. Así que las falsas revelaciones del mundo pagano contradicen la ciencia. Algunos de ellos contradicen las mismas lecciones primeras de geografía, y un niño en una escuela cristiana puede probarlos de ser falsos. Pero la ciencia, en todas sus adelantamientos, aunque ha hecho sus alcances más mayores en las tierras donde la Biblia es más conocida, no ha hallado nada en la Biblia para contradecir. La única manera racional para dar cuenta de esto, es en suponer que el Autor de la Biblia entendía las ciencias. En ningún lugar leemos en esta obra que el mundo es soportado por un elefante, y que el elefante está parado sobre una tortuga; sino que leemos, "Extiende el alquilón sobre vacío" (Job 26:7), una declaración que, hecha en la misma infancia de la revelación, podrá satisfacernos que el Autor de la Biblia entendía el mecanismo del universo. En una edad pasada de ignorancia, los hombres suponían que el mandamiento de Josué al sol de estarse quieto, desprobaba el sistema Copernicano de la astronomía; pero esta inferencia frívola del lenguaje de la Escritura, es ahora bien entendido de ser incierta. Los hombres de la ciencia, quienes firmemente creen el sistema Copernicano, hablan libremente del sol levantandose y del sol sentandose, como aquellos quienes nunca han oído que estas apariencias son debidos a la rotación del mundo. La ciencia futura podrá enseñarnos de corregir otras falsas inferencias que hemos sacado de la Escritura; y debemos de estár contentos en aprender. El resultado dará más prueba que el Autor de la naturaleza es el Autor de la Biblia.

    Nuestros corazones reciben una impresión fuerte del poder, la sabiduría y bondad del Señor, cuando nos quedamos en el pensamiento que Él hizo los cielos y la tierra, con todo lo que contienen.Sobre todo, cuando reflejamos que Él nos hizo, y no nosotros mismos, somos constreñidos de confesar Su derecho de requerir qué servicio, alabanza y gloria somos capaces en rendirle. Él es el Formador de nuestros cuerpos, y el Padre de nuestros espíritus; y ¿no hemos de rendirle aquello que es lo Suyo? ¿No debemos de servirle y glorificarle con nuestros cuerpos e espíritus, los cuales son Suyos? Su derecho, por virtud de la redención, podrá presentar demandas más fuertes, pero Su derecho por virtud de la creación, es suficiente para establecer nuestra obligación, y debemos de reconocer su fuerza.

Continuará con Capítulo III. Las Obras de Dios. - La Providencia

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