Hay algunos puntos en el mapa de Europa
que han sido el escenario de
guerras frecuentes, como por ejemplo, el reino de Bélgica, que
muy bien
podría ser llamado el campo de batalla de Europa. La guerra se
ha
multiplicado sobre toda Europa, pero en algunos lugares desdichados, se
ha peleado batalla tras batalla. Así también, casi no hay
un solo
pasaje de la Escritura que no haya sido disputado entre los enemigos de
la verdad y aquellos que la defienden; pero este texto, junto con un
par de textos más, ha sido objeto de ataques especiales. Este es
uno de
los textos que han sido pisoteados por los pies de la controversia y
hay diversas opiniones acerca de él, tan opuestas como los
polos, con
un grupo que afirma que significa una cosa, y otro grupo que declara
que quiere decir otra cosa. Nosotros pensamos que algunos de ellos se
aproximan a la verdad; sin embargo, otros, se apartan desesperadamente
de la mente del Espíritu.
Nosotros tomamos este texto con la intención de leerlo con la
sencillez
de un niño, y declarar lo que encontremos allí; y si lo
que declaramos
no parece concordar con algo que hayamos sostenido hasta este momento,
estaremos preparados para deshacernos de cualquier doctrina nuestra,
antes que un solo texto de la Escritura. Viendo el alcance de todo el
contexto, nos parece que el apóstol quería motivar a los
discípulos a
proseguir adelante. Hay una tendencia en la mente humana a quedarse
corta y no dar en el blanco celestial. Tan pronto como hemos alcanzado
los primeros rudimentos de la religión, y hemos sido bautizados,
y
entendemos la resurrección de los muertos, hay una tendencia en
nosotros a quedarnos quietos; a decir: "he pasado de muerte a vida;
ahora, aquí puedo quedarme un rato para descansar."
Sin embargo, la vida cristiana no tiene por meta que nos quedemos
quietos, sino que es más bien una carrera, un movimiento
perpetuo. El
apóstol, por lo tanto, se esfuerza y motiva a los
discípulos para que
sigan adelante, y los hace correr con diligencia la carrera celestial,
mirando a Jesús. Él les dice que no es suficiente haber
experimentado
un cierto día, un cambio glorioso; haber gozado de una
maravillosa
operación del Espíritu en un momento dado. Más
bien, él les enseña que
es absolutamente necesario que ellos tengan el Espíritu durante
toda la
vida. Que deben progresar de continuo, mientras vivan, en la verdad de
Dios. Para hacerlos perseverar, en lo posible, les muestra que si no lo
hacen así, perecerán con toda certeza, pues no hay otra
salvación fuera
de la que Dios les ha dado ya, y si esa salvación no los guarda,
y no
los lleva hacia delante, y los presenta sin mancha ante Dios, no puede
haber otra salvación. Pues es imposible, dice, que si una vez
fueron
iluminados y luego recayeron, sean otra vez renovados para
arrepentimiento.
Este día vamos a responder una o dos preguntas. La primera
pregunta
será: ¿De quiénes se habla en este texto?
¿Son verdaderos cristianos o
no? La segunda pregunta es: ¿Qué quiere decir que
recayeron? La tercera
pregunta es: ¿Qué se quiere decir, cuando se afirma, que
es imposible
que sean renovados para arrepentimiento?
I. En primer lugar, entonces, respondamos la pregunta:
¿DE
QUIÉNES SE HABLA EN ESTE TEXTO? Si ustedes leen al Doctor Gill,
al
Doctor Owen y casi a todos los eminentes escritores calvinistas, todos
ellos afirman que estas personas no son cristianas. Ellos afirman que
se dice lo suficiente aquí para describir a un hombre que es un
cristiano externamente, pero que no se dice lo suficiente como para
describir a un verdadero creyente. Ahora, me parece que ellos no
habrían dicho esto si no hubieran tenido que sostener alguna
doctrina;
pues cualquier niño, al leer este texto, diría, que las
personas de
quienes se habla allí deben ser cristianos. Si el
Espíritu Santo quiso
describir a cristianos, no veo que haya podido usar términos
más
explícitos que los que están en el texto.
¿Cómo puede decirse que un
hombre ha sido iluminado, y que ha gustado del don celestial, y que ha
sido hecho partícipe del Espíritu Santo, sin que haya
sido hecho un
hijo de Dios? Con todo el respeto que me merecen todos estos
distinguidos doctores, y yo los amo y admiro a todos ellos,
humildemente pienso que ellos permitieron que sus juicios fueran
torcidos un poco cuando afirmaron eso; y creo que podré
demostrar que
nadie sino sólo los creyentes verdaderos son descritos en este
texto.
En primer lugar, se habla de esas personas diciendo que una vez fueron
iluminadas. Esto se refiere a la influencia iluminadora del
Espíritu de
Dios, que se derrama en el alma en el momento de la convicción,
cuando
el hombre es iluminado en cuanto a su estado espiritual, y se le
muestra qué cosa tan mala y amarga es pecar contra Dios, y es
llevado a
sentir cuán impotente es para levantarse de la tumba de la
corrupción,
y es adicionalmente iluminado para poder ver que: "Por las obras de la
ley ningún ser humano será justificado," y a mirar a
Cristo en la cruz,
como la única esperanza del pecador.
La primera obra de la gracia es iluminar el alma. Por naturaleza
estamos completamente en las tinieblas; el Espíritu, como una
lámpara,
derrama su luz en el corazón entenebrecido revelando su
corrupción,
mostrando su triste estado de indigencia, y en el momento debido,
revelando también a Jesucristo, para que en Su luz podamos ver
la luz.
Yo no puedo considerar que un hombre esté verdaderamente
iluminado a
menos que sea un hijo de Dios. ¿Acaso ese término no
indica una persona
enseñada por Dios? La experiencia cristiana no está
compuesta sólo de
eso; pero, ¿acaso no es una parte de ella?
Después de habernos iluminado como dice el texto, lo siguiente
que Dios
nos otorga es un gustar del don celestial, y por esto debemos entender,
el don celestial de la salvación, incluyendo el perdón
del pecado,
justificación mediante la justicia imputada de Jesucristo,
regeneración
por el Espíritu Santo, y todos esos dones y gracias, que en la
más
temprana alborada de la vida espiritual, transmiten la
salvación.
Todos los verdaderos creyentes han gustado este don celestial. No es
suficiente que un hombre sea iluminado; la luz puede resplandecer en
sus ojos, y sin embargo él puede morir; él debe probar, a
la vez que
debe ver que el Señor es bueno. No es suficiente que yo vea que
soy
corrupto; yo debo experimentar que Cristo es capaz de quitar mi
corrupción. No es suficiente que yo sepa que Él es el
único Salvador;
debo probar Su carne y Su sangre, y debo tener una unión vital
con Él.
Nosotros verdaderamente pensamos que cuando un hombre ha sido iluminado
y ha experimentado la gracia, es un cristiano; y sin importar lo que
sostengan esos grandes teólogos, no podemos aceptar que el
Espíritu
Santo describiría a un hombre no regenerado como alguien que ha
sido
iluminado, y que ha gustado del don celestial. No, hermanos
míos, si he
gustado del don celestial, entonces ese don celestial es mío; si
he
experimentado alguna vez el amor de mi Salvador, entonces yo soy de
Él;
si Él me ha traído a verdes pastos, y me ha dado a gustar
las
tranquilas aguas y la tierna hierba, no debería preocuparme
acerca de
si soy realmente un hijo de Dios.
A continuación el apóstol da una descripción
adicional, un estado de
gracia más elevado: santificación por medio de la
participación del
Espíritu Santo. Es un privilegio muy especial para los
creyentes, que
después de su primer gustar del don celestial, sean hechos
participes
del Espíritu Santo. Él es un Espíritu que habita
internamente; Él
habita en los corazones, y en las almas, y en las mentes de los
hombres; Él establece Su hogar en esta carne mortal; Él
convierte a
nuestra alma en Su palacio, y allí descansa; y nosotros
afirmamos con
toda certeza (y creemos basarnos en la autoridad de la Escritura), que
ningún hombre puede ser partícipe del Espíritu
Santo y sin embargo no
haber sido regenerado.
Allí donde habita el Espíritu Santo debe haber vida; y si
yo participo
del Espíritu Santo, y tengo comunión con Él,
entonces puedo tener la
absoluta certeza que mi salvación ha sido comprada por la sangre
del
Salvador. Tú no debes tener ningún temor, amado hermano;
si tú tienes
al Espíritu Santo, tú tienes eso que asegura tu
salvación; si tú,
mediante una comunión interna, puedes participar de Su
Espíritu, no
solamente eres un cristiano, sino que has alcanzado cierta madurez, en
y por Su gracia. Has ido más allá de la simple
iluminación: has pasado
del simple gustar; has tenido un verdadero festín, y una
participación
del Espíritu Santo.
Sin embargo, para que no haya ninguna duda acerca de que esas personas
son hijos de Dios, el apóstol prosigue a una nueva etapa de
gracia.
Ellos "gustaron de la buena palabra de Dios." Ahora, me voy a aventurar
a decir que hay aquí algunos buenos cristianos que han gustado
del don
celestial, pero que nunca "gustaron de la buena palabra de Dios." Con
esto quiero decir que ellos son verdaderos convertidos, han gustado del
don celestial, pero no se han fortalecido en la gracia como para
conocer su dulzura, su riqueza, y la grosura de esa misma palabra que
los salva. Ellos han sido salvados por la Palabra, pero no han llegado
al punto de comprender y amar y alimentarse de la Palabra, como muchos
otros lo han hecho.
Una cosa es que Dios obre una obra de gracia en el alma, y otra cosa es
que Dios nos muestre esa obra; una cosa es que la Palabra obre en
nosotros, y otra cosa es que nosotros, de manera real y habitual,
podamos saborear y gustar y gozarnos en esa Palabra. Algunos de mis
lectores son verdaderos cristianos; pero no han alcanzado esa etapa en
la cual ellos pueden amar la elección, y tragarla como un dulce
bocado,
en la cual pueden contemplar las grandiosas doctrinas de la gracia, y
alimentarse de ellas. Pero estas personas sí habían
alcanzado esa
etapa. Habían gustado de la buena palabra de Dios, y
también habían
gustado del don celestial: ellos habían madurado hasta esa
etapa, ya
habían amado la Palabra, la habían gustado y
habían tenido un festín
con ella. Era su brazo derecho; la habían considerado más
dulce que la
miel; ay, más dulce que un panal que gotea. Ellos "gustaron de
la buena
palabra de Dios." Lo repito, si estas personas no son creyentes,
entonces ¿quiénes son?
Y ellos habían ido más adelante. Ellos habían
alcanzado la cúspide de
la piedad. Ellos habían recibido "los poderes del siglo
venidero." No
los dones milagrosos que nos son negados en estos días, sino
todos esos
poderes con los que el Espíritu Santo dota al cristiano.
¿Y cuáles son?
Pues, está el poder de la fe, que manda inclusive que los cielos
lluevan, o tapa las botellas de los cielos, para que ya no lluevan.
Está el poder de la oración, que pone una escalera entre
la tierra y el
cielo, y ordena a los ángeles que suban y bajen, para llevar
nuestras
necesidades a Dios, y para traer bendiciones de arriba. Está el
poder
con el que Dios ciñe a su siervo cuando habla por
inspiración, que le
capacita para instruir a otros, y llevarlos a Jesús; y cualquier
otro
poder que haya: el poder de mantener comunión con Dios, o el
poder de
esperar pacientemente al Hijo del Hombre, estos individuos los
poseían.
No eran simplemente hijos, sino que eran hombres; no estaban
simplemente vivos, sino que habían sido dotados de poder; eran
hombres,
con músculos muy firmes, con huesos muy fuertes; se
habían convertido
en gigantes de la gracia, y no solamente habían recibido la luz,
sino
también los poderes del siglo venidero. Independientemente de lo
que
pudiera ser el significado del texto, decimos que ellos eran, debieron
ser indudablemente, cristianos reales y ninguna otra cosa más.
II. Y ahora responderemos la segunda pregunta,
¿QUÉ QUIERE DECIR RECAER?
Debemos recordar a nuestros amigos que hay una vasta distinción
entre
recaer (es decir, apostatar) y caer. La Escritura no menciona en
ningún
lado, que si un hombre cae no puede ser renovado; por el contrario,
"Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse;" y sin
importar cuántas veces caiga el hijo de Dios, el Señor
sostiene al
justo; sí, cuando nuestros huesos son quebrantados, Él
restaura
nuestros huesos otra vez, y nos coloca una vez más sobre una
roca.
"Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras
rebeliones. He aquí
nosotros venimos a ti, porque tú eres Jehová nuestro
Dios." Y si el
cristiano tropieza y se aparta lejos, aún allí la
Misericordia
Todopoderosa exclama: "Convertíos, convertíos,
convertíos, y buscad el
corazón de un Padre herido."
Él todavía llama a Sus hijos al arrepentimiento. Caer no
es apostatar.
Permítanme explicarles la diferencia; pues un hombre que cae
puede
comportarse tal como un apóstata; y sin embargo hay una gran
diferencia
entre los dos. No puedo usar una mejor ilustración que la
distinción
entre desmayarse y morir. Allí yace una joven criatura; ella a
duras
penas puede respirar; no puede por ella misma alzar su mano, y si
alguien más se la levanta, la mano cae de inmediato. Ella
está fría y
tiesa; está débil, pero no está muerta.
Hay otra persona por allá, tan fría y tiesa como la
niñita, pero hay
esta diferencia: ella está muerta. El cristiano puede
desmayarse, y
puede caer en medio del desmayo, y alguien podrá levantarlo y
afirmar
que está muerto; pero no lo está. Si cae, Dios va a
levantarlo de
nuevo; pero si apostata, ni el mismo Dios podrá salvarlo. Porque
es
imposible, si el justo apostata, "que sea otra vez renovado para
arrepentimiento."
Más aún, recaer (apostatar) no es cometer pecado, bajo
una tentación
que sorprende temporalmente. Abraham va a Egipto; teme que su esposa
sea llevada lejos de él, y dice: "Es mi hermana." Ese fue un
pecado
cometido bajo una sorpresa temporal; pero eso no es apostatar.
Aún Noé
pudo cometer un pecado que ha degradado su memoria hasta nuestros
días,
y la va a deshonrar hasta el final de los tiempos; pero, sin duda,
Noé
se arrepintió, y fue salvado por la gracia soberana. Noé
cayó, pero Noé
no apostató.
Un cristiano puede extraviarse una vez, y regresar prontamente otra
vez; y aunque es triste y doloroso y malvado cuando uno es sorprendido
y peca, sin embargo, hay una gran diferencia entre esto y el pecado que
sería cometido por una total recaída de la gracia
(apostasía).
Tampoco pude decirse de un hombre que peca, sin ser necesariamente
sorprendido, que ha recaído (apostatado). Yo creo que algunos
cristianos (Dios no quiera que digamos mucho al respecto, cubramos con
un manto la desnudez de nuestro hermano) pero yo sí creo que hay
algunos cristianos, que, durante un período de tiempo se han
extraviado
en el pecado, y aún así no han recaído
positivamente (apostatado). Allí
está el negro caso de David; un caso que ha confundido a miles.
Ciertamente durante algunos meses, David vivió sin hacer una
confesión
pública de su pecado, pero, sin duda, sentía dolores en
su corazón,
pues la gracia no había detenido su obra; había una
chispa en medio de
las cenizas que Natán reavivó, que nos muestra que David
no estaba
muerto, pues de lo contrario el cerillo que el profeta aplicó no
hubiera alumbrado tan rápidamente.
Y así, amados hermanos, ustedes se habrán extraviado en
el pecado
durante algún tiempo, y se habrán alejado de Dios; y sin
embargo
ustedes no son las personas que están descritas en este texto,
en
relación a los cuales se dijo que es imposible que sean
renovados para
arrepentimiento; pero, aunque anden extraviados, ustedes son
todavía
los hijos de su Padre, y la misericordia clama: "Convertíos,
convertíos; vuelvan a su primer marido, porque mejor les iba
entonces
que ahora. Convertíos, ustedes extraviados, convertíos."
Asimismo, recaer no es ni siquiera renunciar a la profesión.
Algunos
dirán: "Por ejemplo, allí está fulano de tal;
él solía hacer una
profesión de ser cristiano, y ahora lo niega, y lo que es peor,
se
atreve a maldecir y jurar, y dice que nunca conoció a Cristo.
Seguramente él ha recaído (apostatado)." Amigo
mío, el ha caído, ha
caído aparatosamente, y de manera desastrosa; pero yo recuerdo
un caso
en la Escritura de un hombre que negó a su Señor y Dios,
en Su propia
cara. Ustedes recuerdan su nombre; es un viejo amigo de ustedes:
¡nuestro amigo Simón Pedro! Él lo negó con
juramentos y maldiciones,
diciendo: "No conozco al hombre." Y sin embargo, Jesús se
volvió y miró
a Simón. Él había caído, pero él no
había apostatado; pues, solamente
uno o dos días después de eso, allí estaba Pedro
en la tumba de su
Señor, habiendo corrido a ese lugar para encontrarse con su
Señor, para
ser uno de los primeros en verlo resucitado.
Amados hermanos, ustedes pueden incluso haber negado a Cristo en una
negación abierta, y sin embargo, si se arrepienten, hay
misericordia
para ustedes. Cristo no los ha rechazado, ustedes todavía se
arrepentirán. No han recaído (apostatado). Si hubieran
apostatado, yo
no podría predicarles; pues es imposible que los que han
recaído
(apostatado) sean otra vez renovados para arrepentimiento.
Pero alguien podrá decir: "¿Qué es recaer
(apostatar)?" Bien, no ha
habido nunca un caso todavía, y por lo tanto yo no podría
describirlo
después de haberlo observado; pero les diré lo que
supongo que es.
Recaer (apostatar), sería que el Espíritu Santo abandone
completamente
a un hombre; que Su gracia cese enteramente; no estar dormido, sino
dejar de ser (que Dios, que ha comenzado una buena obra, la deje de
hacer por completo) que retire Su mano y diga: "¡Está
bien, hombre! te
he medio salvado; ahora voy a condenarte." Eso es lo que significa
recaer (apostatar). No es pecar temporalmente. Un hijo puede pecar
contra su padre, y estar vivo todavía; pero recaer (apostatar)
es como
cortar de tajo la cabeza del hijo. No caer simplemente, pues entonces
nuestro Padre puede levantarnos, sino ser arrojados a un precipicio,
donde estamos perdidos para siempre. Un alejamiento permanente
implicaría que la gracia de Dios ha cambiado su naturaleza viva,
que la
inmutabilidad de Dios se ha vuelto variable, que la fidelidad de Dios
se ha vuelto cambiante, y que Dios mismo ha cambiado en Su Deidad; pues
todas estas cosas se requerirían para un alejamiento permanente.
III. Pero si un hijo de Dios pudiera alejarse de manera
permanente, y la gracia de Dios cesara en el corazón de un
hombre
(ahora viene la tercera pregunta) Pablo dice: ES IMPOSIBLE QUE SEA OTRA
VEZ RENOVADO PARA ARREPENTIMIENTO. ¿Qué quiso decir el
apóstol? Un
eminente comentarista establece que quiso decir que sería muy
difícil.
Sería muy difícil, ciertamente, que un hombre que se
alejó
permanentemente, fuera salvado. Pero nosotros replicamos: "Mi querido
amigo, no dice absolutamente nada acerca de que es muy difícil;
dice
que es imposible, y a nosotros nos gusta leer nuestra Biblia de la
manera que un niño la leería." Dice que es imposible, y
nosotros
decimos que sería totalmente imposible, si un caso como el que
hemos
supuesto, ocurriera; imposible para el hombre, y también
imposible para
Dios; pues Dios tiene el propósito que nunca otorgará una
segunda
salvación para salvar a quienes no pudo salvar la primera
salvación.
Me parece que escucho a alguien que dice: "Parecería que es
posible que
algunas de esas personas se alejen permanente," porque el texto dice:
"Es imposible que los que recayeron, sean otra vez renovados para
arrepentimiento." Bien, amigo mío, voy a concederte tu
teoría por un
instante. Tú eres un buen cristiano el día de hoy;
apliquemos esto a ti
mismo, y veamos qué tal te gusta. Tú has creído en
Cristo, y has
entregado tu alma a Dios, pero piensas que en un momento desafortunado
puedes alejarte permanentemente. Fíjate bien, si tú te me
acercas y me
dices que tú te has alejado permanentemente, ¿cómo
te gustaría que te
dijera: "¡Amigo mío, tú estás tan condenado
como el demonio en el
infierno! Pues es imposible que seas renovado para arrepentimiento?"
"¡Oh! no señor," dirías, "Voy a arrepentirme de
nuevo y me uniré a la
Iglesia." Esa es precisamente la teoría arminiana otra vez; pero
no se
encuentra en la Escritura de Dios. Si te apartas totalmente una vez,
tú
estás tan condenado como cualquier persona que sufre en el
infierno
para siempre. Sin embargo, hemos escuchado que un hombre ha afirmado
que la gente se puede convertir tres, cuatro y hasta cinco veces y que
han sido renovados una y otra vez.
Recuerdo que un buen hombre (supongo que lo era) señaló a
una persona
que iba caminando en la calle, y dijo: "Ese hombre ha nacido de nuevo
tres veces, y eso lo sé con certeza." Podría mencionar el
nombre del
individuo, pero me abstengo de hacerlo. "Y yo creo que va a recaer otra
vez," añadió, "pues es tan adicto a la bebida, que yo no
creo que la
gracia de Dios pueda hacer nada por él, a menos que se vuelva un
total
abstemio." Ahora, tales hombres no pueden leer la Biblia; pues en caso
que sus miembros se alejen permanentemente, el texto dice que, como un
hecho positivo, es imposible que sean otra vez renovados para
arrepentimiento. Pero yo le pregunto a mi amigo arminiano,
¿acaso no
cree él que mientras haya vida hay esperanza? "Sí,"
responde:
"Mientras la lámpara esté
ardiendo,
El más vil de los pecadores puede regresar."
Bien, eso no es muy consistente, decir a continuación de lo que
nos
dijiste antes, que hay algunas personas que se alejan permanentemente,
y consecuentemente caen en tal condición que no pueden ser
salvados. No
sé cómo puedes lograr que estas dos cosas encajen; quiero
que me
muestres cómo estas dos doctrinas pueden estar de acuerdo; y
hasta
tanto que un individuo emprendedor no traiga el polo norte y lo coloque
sobre el polo sur, yo no puedo ver cómo vas a lograrlo. El hecho
es que
estás en lo cierto cuando dices: "Mientras haya vida hay
esperanza;"
pero no tienes la razón cuando dices que cualquier individuo que
caiga
en tal condición, tiene la posibilidad de salvación.
Vamos a hacer dos cosas ahora: la primera, vamos a comprobar la
doctrina, que si un cristiano se aleja definitivamente, no puede ser
salvo; y la segunda, vamos a utilizar la doctrina, o sea, mostrar su
aplicación.
I. Entonces voy a comprobar la doctrina, que si un cristiano se
aleja definitivamente, no que caiga, pues ustedes entienden lo que ya
les he explicado; pero si un cristiano deja de ser un hijo de Dios, y
si la gracia se extingue en su corazón, él está
más allá de la
posibilidad de salvación y es imposible que sea otra vez
renovado.
Permítanme explicarles por qué.
En primer lugar, es totalmente imposible, si ustedes consideran la obra
que ha sido quebrantada. Cuando los hombres han construidos puentes
sobre los ríos, si éstos han sido construidos con los
materiales más
fuertes y con la técnica más excelente, pero los
cimientos son tan
malos que ninguno puede resistir, ¿qué dicen ellos? Pues
dirán: "Ya
hemos probado lo mejor que la ingeniería o la arquitectura nos
han
podido enseñar; lo mejor ha fallado; no conocemos nada que pueda
superar los materiales que hemos utilizado; y por lo tanto sentimos que
no queda ninguna posibilidad de poder ponerle un puente a ese
río, o
cruzar una línea de ferrocarril sobre esa ciénaga, o este
pantano, pues
ya hemos probado lo que es reconocido como el mejor sistema."
Como dice el apóstol: "Estas personas fueron iluminados una vez;
fueron
hechos partícipes del Espíritu Santo, que les ha revelado
su pecado:
¿qué queda por probar? Ellos fueron convictos una vez;
¿hay algo
superior a la convicción? ¿Acaso la Biblia promete que el
pobre pecador
tendrá algo por encima de la convicción de su pecado que
lo hace
sensible al mismo? ¿Acaso hay algo más poderoso que la
espada del
Espíritu? Si eso no ha traspasado el corazón del hombre;
¿hay alguna
otra cosa que pueda hacerlo?
He aquí a un hombre que ha estado bajo el martillo de la ley de
Dios;
pero eso no ha logrado quebrantar su corazón; ¿puedes
encontrar algo
más fuerte? La lámpara del Espíritu de Dios ya ha
alumbrado las
cavernas de su alma: si eso no es suficiente, ¿dónde
podrás pedir
prestada otra lámpara? Pregúntale al sol, ¿tiene
acaso una lámpara que
alumbre más que la iluminación del Espíritu?
Pregúntale a las
estrellas, ¿acaso tienen ellas una luz más brillante que
la luz del
Espíritu Santo? La creación responde que no. Si eso
falla, entonces no
queda disponible nada más.
Aún más, estas personas gustaron del don celestial; y
aunque habían
sido perdonadas y justificadas, sin embargo, el perdón por medio
de
Cristo y la justificación no fueron suficientes (sobre la base
de esta
suposición) para salvarlos. ¿De qué otra manera
pueden ellos ser
salvos? Dios los ha arrojado fuera; después que Él no ha
podido
salvarlos por estos medios, ¿qué otra cosa puede
liberarlos? Ellos ya
han gustado del don celestial: ¿hay una misericordia mayor para
ellos?
¿Hay algún vestido más brillante que el traje de
la justicia de Cristo?
¿Hay algún baño más eficaz que esa "fuente
repleta de sangre?" No. Toda
la tierra resuena con el eco: "No." Si Él ha fallado
¿qué más queda?
Estas personas, también, fueron hechas partícipes del
Espíritu Santo; y
si eso falla, ¿qué más les podemos dar? Querido
lector, si el Espíritu
Santo habita en tu alma, y ese Espíritu Santo no te santifica y
te
guarda hasta el fin, ¿qué otra cosa se puede probar?
¡Pregúntale al que
blasfema si conoce a un ser, o si se atreve a suponer la existencia de
un ser superior al Espíritu Santo! ¿Acaso hay un ser
más grande que la
Omnipotencia? ¿Hay algún poder más grande que ese
que habita en el
corazón nacido de nuevo del creyente? Y si el Espíritu
Santo ya ha
fallado, ¡oh, cielos!, dígannos donde podremos encontrar
algo que
sobrepase Su poder. Si Él es ineficaz, ¿qué queda
por ensayar?
Estas personas también ya "habían gustado de la buena
palabra de Dios;"
ellos habían amado las doctrinas de la gracia; esas doctrinas
habían
penetrado en sus almas, y se habían alimentado con esas
doctrinas. ¿Qué
nuevas doctrinas se les podrá predicar? ¡Profeta de los
tiempos!,
¿dónde podrás encontrar otro sistema
teológico? ¿A quién tendremos?
¿Levantaremos a Moisés de su tumba? ¿Traeremos a
todos los antiguos
videntes, y les pediremos que profeticen? Entonces, si sólo hay
una
doctrina que es verdadera, y si estas personas se han apartado de
recibirla, ¿cómo pueden ser salvos?
Además, estas personas, de acuerdo al texto, habían
gustado de "los
poderes del siglo venidero." Ellos han tenido el poder de conquistar el
pecado: poder en la fe, poder en la oración, poder en la
comunión; ¿con
qué mayor poder podrán ser dotados? Éste ya ha
fallado; ¿qué puede
hacerse a continuación? ¡Oh, ustedes, ángeles!
Respóndanme ¿qué sigue?
¿Qué otros medios quedan disponibles? ¿Qué
otra cosa podemos intentar?
Él ha sido salvado una vez; sin embargo, se supone que
está perdido.
¿Cómo, entonces, puede ser salvo ahora? ¿Acaso hay
una salvación
suplementaria? ¿Hay algo que pueda superar a Cristo, y ser un
Cristo
allí donde Jesús es derrotado?
Y luego el apóstol dice que la gravedad del pecado en que
incurrirían,
si en efecto se apartaran, los colocaría más allá
del alcance de la
misericordia. Cristo murió, y por Su muerte Él hizo
expiación por esos
pecados que lo crucificaron una vez; pero ¿leemos acaso que
Cristo
morirá alguna vez por quienes lo crucifican dos veces? Pero el
apóstol
nos dice que si los creyentes se apartan, ellos van a "crucificar de
nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponerle a vituperio."
Entonces, ¿dónde habrá una expiación para
eso?
Él ha muerto por mí; ¡vamos! Aunque los pecados de
todo el mundo
estuvieran sobre mis hombros, aún así esos pecados
sólo lo crucificaron
una vez, y esa única crucifixión ha limpiado todos esos
pecados; pero
si yo lo crucificara de nuevo, ¿dónde podría
encontrar el perdón?
¿Podrían los cielos, podría la tierra,
podría el propio Cristo, con
entrañas llenas de amor, señalarme a otro Cristo,
mostrarme un segundo
Calvario, darme un segundo Getsemaní? ¡Ah, no! Esa misma
culpa nos
pondría más allá del recinto del recinto de la
esperanza, si nosotros
nos apartáramos.
Adicionalmente, amados hermanos, piensen en lo que se requeriría
para
salvar a un hombre así. Cristo ha muerto por él una vez,
y sin embargo
él se ha apartado y está perdido; el Espíritu lo
ha regenerado una vez,
y esa obra de regeneración ha sido inútil. Dios le ha
dado un nuevo
corazón (por supuesto, yo sólo estoy hablando bajo la
suposición del
apóstol), Él ha puesto Su ley en ese corazón, y
sin embargo él se ha
apartado de Él, contrario a la promesa que no se
apartaría. Lo ha hecho
"como la luz de la aurora," pero él no "va en aumento hasta que
el día
es perfecto," él brilló sólo para la oscuridad.
¿Qué sigue? Debe haber una segunda encarnación, un
segundo Calvario, un
segundo Espíritu Santo, una segunda regeneración, una
segunda
justificación, aunque la primera haya sido terminada y
completada. En
efecto yo no sé qué sigue. Se requeriría el
trastorno de todo el reino
de la naturaleza y de la gracia, y ciertamente sería un mundo
vuelto al
revés, si el Salvador, después de haber fracasado,
intentara hacer la
obra otra vez.
Si ustedes leen el versículo 7, verán que el
apóstol llama a la
naturaleza en su ayuda. Dice: "Porque la tierra que bebe la lluvia que
muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por
los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que
produce
espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser
maldecida, y su fin
es el ser quemada." ¡Miren! Allí hay un campo; la lluvia
se derrama
sobre él, y produce buen fruto. Bien, entonces, tiene la
bendición de
Dios. Pero de acuerdo a la suposición de ustedes, hay otro
campo, sobre
el cual desciende la misma lluvia, que moja el mismo rocío; ha
sido
arada y preparada, de la misma forma que la otra, y el labrador ha
ejercitado todo su arte sobre esa tierra, y sin embargo es
infértil.
Entonces, si la lluvia del cielo no la fertilizó,
¿qué sigue? Ya se han
utilizado las más modernas técnicas de la agricultura,
los últimos
instrumentos han sido traídos y puestos sobre su superficie, y
sin
embargo, todo ha sido inútil.
¿Qué sigue? No sigue nada excepto que está
próxima a ser maldecida, y
su fin es el ser quemada. Será abandonada como el desierto del
Sahara,
y destinada a la destrucción. Así, mi querido lector,
¿será posible que
la gracia obre en ti, y que no pueda salvarte; que la influencia de la
Gracia divina pueda descender, como lluvia del cielo, y regresar
vacía
a Dios? No podría haber ninguna esperanza para ti, pues
estarías
"próximo a ser maldecido," y tu fin es el "ser quemado."
Se me ha ocurrido una idea. Nos ha parecido una cosa muy singular que
nuestros amigos sostengan que los hombres pueden ser convertidos,
hechos nuevas criaturas, y que luego se aparten y sean convertidos de
nuevo. Yo soy una criatura vieja por naturaleza; Dios me convierte en
algo nuevo, me hace una nueva criatura. Yo no puedo regresar a ser una
vieja criatura, pues mi proceso de creación no puede ser
revertido.
Pero supongamos que mi calidad de nueva criatura no es lo
suficientemente buena para llevarme al cielo. ¿Qué es lo
que viene
después de eso? Debería haber algo por encima de una
nueva criatura:
una nueva nueva criatura. En realidad, mis queridos amigos, hemos
entrado al país de los sueños; pero nos vimos forzados a
seguir a
nuestros oponentes a esa región del absurdo, pues no sabemos de
qué
otra manera podemos tratar con ellos.
Y un pensamiento más. No hay nada en la Escritura que nos
enseñe que
hay algún tipo de salvación, excepto la única
salvación de Jesucristo;
nada que nos diga acerca de cualquier otro poder, super excelente y que
sobrepase el poder del Espíritu Santo. Estas cosas ya han sido
probadas
por el hombre, y sin embargo, de conformidad a la suposición,
han
fallado, pues el hombre se ha apartado. Ahora, Dios no ha revelado
nunca una salvación suplementaria para aquellos hombres en
quienes una
salvación no ha tenido efecto; y hasta que no se nos
señale un texto de
la Escritura que declare esto, sostendremos que la doctrina del texto
es esta: que si la gracia es ineficaz, si la gracia no guarda al
hombre, entonces no queda nada sino que ese hombre debe ser condenado.
Lo cual es equivalente a decir, excepto que haciendo un pequeño
rodeo,
que la gracia lo hará. Así que estas palabras, en vez de
militar en
contra de la doctrina calvinista de la perseverancia final, conforman
una de las mejores pruebas que pudieran aportarse en favor de esa
doctrina.
Y ahora, finalmente, llegamos al punto de aplicar esta doctrina. Si los
cristianos pueden apartarse definitivamente, y dejar de ser cristianos,
no pueden ser renovados otra vez para arrepentimiento. "Pero,"
dirá
alguien, "tú dices que no pueden apartarse."
"¿Cuál es el sentido de
ponerle un 'si' como el coco que asusta a los niños, o como un
fantasma
que no tiene una existencia?"
En primer lugar, oh cristiano, está puesto allí para
guardarte de que
te apartes. Dios preserva a sus hijos de que se aparten; pero Él
los
guarda utilizando medios; y uno de estos medios es: los terrores de la
ley, mostrándoles lo que pasaría si se apartaran.
Allí está un profundo
precipicio; ¿cuál es la mejor forma de evitar que alguien
caiga en él?
Pues decirle que si se cayera en el precipicio, sería hecho
pedazos.
En lo profundo de algún viejo castillo hay una bodega, donde se
ha
acumulado una gran cantidad de aire sin renovar y gas, que
mataría a
cualquiera que entrara allí. ¿Qué dice el
guía? "Si ustedes entran
allí, no podrían salir vivos." ¿Quién
pensaría en entrar? El simple
hecho que el guía nos diga las consecuencias, nos
mantendría alejados.
Nuestro amigo nos quita la copa de arsénico y se deshace de
ella; no
quiere que lo tomemos, y dice: "si lo tomas, te matará."
¿Acaso supone
él por un momento que debemos tomarlo? No; nos comenta las
consecuencias, y se asegura que no lo hagamos. Así Dios dice:
"hijo
mío, si te caes en ese precipicio, serás hecho pedazos."
¿Qué hace
entonces el hijo? Dice: "Padre, guárdame; sostenme y
estaré seguro."
Lleva al creyente a una mayor dependencia de Dios, a un santo temor y
precaución, porque sabe que si se apartara no podría ser
renovado, y
por lo tanto se coloca lejos de ese abismo, pues sabe que si se cayera
en él, no habría salvación para él.
Está calculado para excitar el
temor; y este santo temor evita que el cristiano caiga.
Si yo pensara como piensa el arminiano, es decir, que yo me puedo
apartar totalmente, y luego regresar otra vez, me apartaría muy
a
menudo, pues la carne y la sangre pecaminosas pensarían que es
muy
agradable apartarse, y ser un pecador, y asistir a espectáculos
peligrosos, o emborracharse, y luego regresar a la iglesia, y ser
recibido de nuevo como un amado hermano que se ha apartado un poco. Sin
duda el ministro diría: "Nuestro hermano Charles es un poco
inestable a
veces." ¡Un poco inestable! Él no conoce nada acerca de la
gracia; pues
la gracia engendra una santa precaución, porque nosotros
sentimos que
si no fuéramos preservados por el poder divino,
pereceríamos. ¡Decimos
a nuestro amigo que ponga aceite en su lámpara, para que pueda
continuar ardiendo! ¿Significa eso que se permitirá que
la lámpara se
apague? No, Dios le dará suficiente aceite que pueda poner en su
lámpara de manera continua.
Como la figura de Juan Bunyan: había un incendio, y vio a un
hombre
apagándolo con agua. "Ahora," dice el Predicador, "no ves que
ese fuego
se va a apagar, que el agua está calculada para apagarlo, y si
lo
apaga, ese fuego nunca volverá a revivir;" ¡pero Dios
nunca permitiría
eso! Pues hay un hombre detrás de la pared que está
derramando aceite
sobre el fuego; y eso es motivo de gratitud para nosotros, pues si el
aceite no fuera derramado por una mano celestial, seríamos
destruidos
inevitablemente. Entonces, ten cuidado, cristiano, este es un aviso.
2. Es para motivar nuestra gratitud. Supón que tú le
dices a tu hijito:
"¿Sabes, Tomasito, que si no te diera tu comida y tu cena, te
morirías?
No hay nadie más que te dé tus alimentos."
¿Qué pasa entonces? El niño
no va a pensar que no le darás sus alimentos; él sabe que
lo harás, y
él está agradecido contigo por eso. El experto
químico nos dice que si
no hubiera oxígeno mezclado con el aire, los animales
morirían.
¿Suponen por eso que no habrá oxígeno, y que por
lo tanto vamos a
morir? No, él sólo enseña la gran sabiduría
de Dios, al haber mezclado
los gases en sus debidas proporciones.
Uno de los antiguos astrónomos afirma: "Dios tiene una gran
sabiduría
al haber colocado al sol exactamente en la distancia correcta; ni tan
lejos para que no nos congelemos, ni tan cerca para que no nos
quememos." Dice: "Si el sol estuviera un millón de
kilómetros más
cerca, moriríamos achicharrados." ¿Acaso ese
astrónomo supone que el
sol estará un millón de kilómetros más
cerca, y que, por lo tanto,
moriremos achicharrados? Él afirma: "si el sol estuviera un
millón de
kilómetros más lejos, moriríamos congelados."
¿Nos está diciendo que el
sol estará un millón de kilómetros más
lejos y que por lo tanto nos
congelaremos? De ninguna manera. Sin embargo, es una manera muy
racional de hablar para mostrarnos cuán agradecidos debemos
estar con
Dios. Así dice el apóstol. ¡Cristiano!, si
tú te apartaras, nunca
podrías ser renovado otra vez para arrepentimiento. Agradece
entonces a
tu Señor porque Él te guarda.
"Mira cómo se sostiene una piedra en el
aire;
Ve cómo vive una chispa en el mar:
Con vida aunque está rodeada de muerte;
Yo doy toda la gloria a Dios."
Hay una copa de pecado que condenaría a tu alma, oh cristiano.
¡Oh!,
¿qué gracia es esa que sostiene tu brazo, y no te permite
que la bebas?
Allí estás tú, como el cazador de pájaros
de Saint Kilda, tú estás
siendo llevado al cielo por medio de una sola cuerda; si esa mano que
te sostiene te dejara ir, si esa cuerda que te sostiene se rompiera, te
estrellarías contra las rocas de la condenación. Eleva tu
corazón a
Dios, y bendícelo porque Su brazo no se cansa, y nunca se ha
acortado
para salvarte.
Cuando Lord Kenmure se estaba muriendo le dijo a Rutherford:
"¡Amigo!,
mi nombre está escrito en la mano de Cristo, ¡lo puedo
ver! Sé que lo
que te estoy diciendo es un poco atrevido, ¡pero lo puedo ver!"
Entonces, si ese es el caso, Su mano debe ser arrancada de Su cuerpo
antes de que mi nombre desaparezca; y si está grabado en Su
corazón, Su
corazón debe ser extraído antes de que puedan arrancar mi
nombre de
allí.
Entonces, cristiano, ¡mantente firme y confía! Tú
tienes un ancla "La
cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta
dentro del velo." Los vientos están bramando, las tempestades
aúllan;
si el cable se desprendiera, y tu ancla se rompiera, tú
estarías
perdido. Mira aquellas rocas, hacia donde van a estrellarse millones de
millones. Tú también naufragarías allí, si
la gracia te dejara solo.
Mira esos abismos, en los que duermen los esqueletos de los marinos;
tú
dormirías también allí si esa ancla te fallara.
Sería imposible atarte
a una nueva ancla, si esa ancla te fallara alguna vez; pues no hay
ninguna otra ancla, no hay ninguna otra salvación, y si esa
salvación
te falla, es imposible que seas salvo alguna vez.
Por tanto, da gracias a Dios que tienes un ancla que no puede fallar, y
entona este himno a gran voz:
"¿Cómo podría hundirme con tal sostén,
Como mi eterno Dios,
Quien sostiene los gigantescos pilares de la tierra,
Y despliega con amplitud los cielos?
¿Cómo podría morir, si Jesús vive,
Quien se levantó de los muertos?
Mi alma recibe perdón y gracia
Que provienen de mi exaltada Cabeza."